El que tiene oídos para oír oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias. (Apoc. 2:29).
Este versículo está en el contexto de los mensajes que el Señor le dio al apóstol Juan para que fueran enviados a las siete iglesias de Asia Menor. Si bien es cierto Dios tenía un mensaje para cada iglesia de Asia de acuerdo a la necesidad de cada una; sin embargo esta declaración del Señor nos habla del interés que El tiene de que todos podamos oír no solo lo que Dios nos dice a nosotros como ministros y como congregación local sino que tengamos la capacidad y la disposición de oír lo que el Espíritu dice a todo el cuerpo de Cristo.
El Apóstol Pablo escribió en una de sus cartas "Cuando esta carta haya sido leída entre vosotros, haced que también se lea en la iglesia de los laodicenses, y que la de Laodicea la leáis también vosotros" (Colosenses 4:16) Entiendo que las cartas a ambas iglesias eran mas que importantes para la necesidad particular de cada una de ellas, pero también era saludable que la carta a los colosenses se leyera a los laodicenses y que la carta enviada a Laodicea fuera leída en Colosas, esto es lo que yo considero "medicina preventiva".
Sin lugar a dudas las dos epístolas tenían enseñanzas que eran aplicables a las dos congregaciones.
Si queremos tener un panorama claro de todo lo que Dios quiere para su iglesia desde el punto de vista bíblico tenemos que leer todas las cartas de los apóstoles a los creyentes y las diversas iglesias del primer siglo, cartas que son parte del canon bíblico. Observando con mucho cuidado la totalidad de los escritos tanto de los evangelios como el libro de Los Hechos como también las cartas apostólicas es que se ha elaborado y ordenado la excelente doctrina cristiana que rigen a nuestras iglesias en cuanto a conducta y disciplina de vida.
Si esto lo aplicamos a la iglesia de hoy, debemos entender que además del contenido bíblico que tenemos a mano leyendo el Nuevo Testamento también hay directivas del Espíritu Santo que no se contradicen con lo escrito, sino que al contrario confirman las Escrituras, sobre lo que Dios quiere de su pueblo en este tiempo especial, en este tercer milenio, considerado proféticamente "El Tercer día de Dios".
Aunque algunos desestiman el mensaje de ciertos predicadores por no ajustarse a su interpretación personal o a la teología "equilibrada y correcta", aprendí que no siempre lo que se considera como "novedad" es "peligroso" como algunos entienden.
Además de entender correctamente las Sagradas Escrituras, debemos pedir al Espíritu Santo que nos dé entendimiento para no rechazar aquello, que si bien es cierto es catalogado como una "novedad2, es muy posible que sea lo que nosotros necesitamos para que nuestro ministerio deje de ser rutinario, de costumbre o "profesional", para ser un canal de bendición que trascienda nuestra iglesia local y se proyecte a la ciudad, la nación y el mundo entero.
Hace un tiempo el Señor puso en mi corazón un mensaje que aún lo estoy procesando que tiene por título "Los Perfectos Desconocidos". El énfasis de este mensaje está en el hecho de que hay muchísima gente en el liderazgo cristiano que para nada son conocidos, sus rostros jamás se verán en la televisión, sus nombres no aparecerán en los periódicos como muchos siervos de Dios a quienes amamos y reconocemos como gente de unción, pero estos "perfectos desconocidos" estarán conectados de tal manera oyendo lo que el Espíritu dice a las iglesias, que las señales, milagros y una gran prosperidad serán una constante en sus vidas, ministerios y congregaciones.
Si entiendo he andado por el buen camino del propósito eterno de Dios para mi vida e iglesia, ahora, por una revelación del Espíritu, que quizá desconocía, puedo ser llevado a la excelencia del Propósito divino y ser más que efectivo para afectar mi generación y marcar un rumbo de gloria para las generaciones que vendrán.
Creo firmemente que cada pastor, cada ministro de Dios sabe perfectamente que es lo que Dios le está dirigiendo a hacer en su llamado específico en su área de influencia, pero también estoy seguro de la importancia que tiene el hecho de conocer lo que el Señor está haciendo en su iglesia toda, en la ciudad, en la nación y en el mundo entero.
Si deseamos de verdad identificarnos con el cuerpo de Cristo en todo lugar debemos tener esa visión global, amplia y muy clara de lo que el Espíritu Santo está diciendo a las iglesias porque eso nos permitirá elevarnos al nivel de unción que Dios desea derramar sobre su amada Iglesia, y no perdernos el saborear el vino nuevo que ahora está a disposición de todo aquel que quiera beberlo, teniendo muy en cuenta que vino nuevo será derramado en odres nuevos.
¡El que tiene oídos para oír, oiga!
Te bendigo.
Emir Fures

